Pantallas
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Aunque esta isla paradisíaca evoca reminiscencias de El corazón de las tinieblas, últimamente está atrayendo a otro tipo de visitantes...
Al igual que el Congo de Conrad, la isla es un lugar misterioso e idílico, donde la belleza convive con la violencia. La primera vez que te adentres en las arenas blancas y finas que sirven de marco a esta historia, te resultará difícil no marearte... en el horizonte se yergue la boca de un inquietante volcán, cuya cima está coronada por nubes aciagas y cuya falda se confunde con la espesura de la selva.
Los pocos exploradores armados del coraje necesario para avanzar por la densa y húmeda vegetación lo hacen con la ilusión de descubrir extensas lagunas y cataratas indómitas que simbolizan el matrimonio idílico entre lo exquisito y lo traicionero representado por la isla.
Aquellos que busquen con ahínco descubrirán los restos de una antaño boyante economía dedicada al turismo y a la producción azucarera. La población de la isla se vio obligada a emigrar a finales de la década de los sesenta, cuando el volcán reclamó su soberanía sobre la tierra inundando lugares idílicos como Paradise Beach, ahora convertido en un pueblo fantasma únicamente habitado por edificios semienterrados y parques de atracciones oxidados.
Sin embargo, este año miles de visitantes se congregarán en la isla y toda una pléyade de navíos echará anclas en sus orillas, expulsando una inmensa columna de fuego mientras los peregrinos desembarcan antorcha en mano. En cuestión de horas, la inmaculada arena quedará enterrada por un mar de tiendas de campaña. El canto de las cigarras se verá ahogado por el heavy metal, el drum and bass y el rugir de miles de motores.
La cita a la que acuden los aquí congregados es el festival MotorStorm, una competición donde los más habilidosos e intrépidos pilotos pondrán a prueba sus todoterrenos, coches de rally, buggies, motos, rancheras, 4x4 y camiones en los terrenos más adustos de todo el planeta. Aunque se desconoce la identidad de los organizadores del festival, cuya edición anterior se celebró en Monument Valley (una árida cicatriz en el paisaje de Arizona y Utah), los asistentes se congregan en masa para embeberse de esta embriagadora mezcla de música, velocidad y peligro.
No obstante, a pocos parecen perturbar las leyendas que rodean a la isla... "Yo no me trago esas chorradas", afirma despectivamente una de las asistentes, metida hasta el cuello en las entrañas de su camión. Pero no tienes más que darte una vuelta por el campamento para empezar a escuchar historias sobre camiones que desaparecieron en un mar de lava o de personas arrancadas de cuajo de su moto por árboles con vida propia.
Los 16 trazados repartidos por la isla ofrecen carreras magníficas y letales a partes iguales que discurren por rápidas corrientes, atraviesan acantilados muy elevados y desembocan en enormes cuevas perforadas en las entrañas de la roca volcánica. Cada concursante compite con su vehículo favorito y explica orgulloso a sus rivales por qué resulta perfecto para el terreno, cuando lo cierto es que ninguno está a salvo del peligro.
Las motos, aunque rápidas y ágiles, pueden lanzar a su piloto por los aires con solo toparse con un tronco, mientras que los camiones pueden atravesar la espesa maleza, pero los terrenos resbaladizos son capaces de enviarlos montaña abajo.
Vistos los peligros a los que se enfrentan, la actitud de los participantes es digna de admiración. Esta comunidad internacional es tan variopinta como la música que emana de cada vehículo, sin duda un reflejo de la colección personal de cada piloto. Entablar amistad es tan fácil como crearte rivalidades en este ambiente de competición sana en la que todos aspiran a llegar a lo más alto del podio.
La mera visita a la isla es ya de por sí inquietante, el omnipresente volcán y la espesura de la selva le confieren un aspecto premonitorio, como en El señor de las moscas o un moderno Paraíso perdido. Todavía no tenemos muy claro qué ha motivado a los peregrinos para decantarse por un lugar tan cubierto de misterio y peligro para celebrar la competición, pero lo cierto es que el festival MotorStorm no es en absoluto ajeno al misterio y al peligro, así que quizá sea el matrimonio perfecto.
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| Fecha de publicación: | 10/09/08 |
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| Categoría: | Reportaje |

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