Pantallas
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Descubre lo que se siente al convertirte en piloto de WipEout HD, en un mundo en el que hay mucho en juego y todo sucede a una velocidad de vértigo. ¡Comienza la carrera!
"Dios mío, Tsarong, ¿estás bien?"
Qué raro. A pesar de todo el acero, la aleación de titanio, los compuestos de fibra de carbono, los escudos y las almohadillas protectoras, sigue sin dejar de sorprenderme la intensidad con la que siento el calor de la inmensa bola de fuego que va creando a su paso esta pequeña nave antigravedad.
"Tsarong, ¿qué ha pasado?"
Al parecer, a casi todos los equipos les sucede algo parecido. Incluso aunque pilotara uno de los antiguos Assegais, tampoco habría tenido la oportunidad de mirarme siquiera el ombligo. Seguramente porque estaría abrasándome en algún rincón a muy pocos metros de la línea de llegada. Imagínate lo bien que se lo pasarían los estadistas de la carrera anotando este tipo de...
"¡Daniel, responde de una puñetera vez!"
"Estoy bien, jefa, puede guardar el desfibrilador".
Como cabía esperar, la radio devolvió un ruido chirriante. "La próxima vez que no respondas inmediatamente, te voy a colgar a ti, colega. ¿Se puede saber qué ha pasado? Con la explosión, hemos perdido temporalmente la comunicación de vídeo y de las constantes vitales, mientras que todos los sistemas de la nave han empezado a funcionar mal".
Le he echado un vistazo a los instrumentos de mi otrora azul Assegai y tanto el velocímetro como el indicador de energía parecen estar totalmente operativos de nuevo. Una buena noticia que se ve empañada por el símbolo de CUARTO PUESTO que brilla con toda su fuerza en mi pantalla. "Todo va bien", le contesté intentando ahorrarme la inevitable reprimenda por mi mala clasificación. Pero bueno, ¿a quién le interesa el oro de este torneo? "Ha sido la nave del EG-X la que ha sido alcanzada por un misil. Yo me he escapado por los pelos. Debe de haber sido la nave de Grifter".
"Bueno, hemos recuperado la videocomunicación y, al parecer, fuera quien fuera, pulsó el botón de expulsión justo a tiempo, así que tú concéntrate en la competición, que ya te sacan todos una legua". La jefa de mi equipo de carrera: como siempre, el dulce e implacable zarpazo de la realidad. Es una mujer muy cariñosa. En serio. Quizá un poco demasiado... apasionada. "Estás a solo una vuelta de convertirte en el único piloto de un FX-350 en la historia que desaprovecha una ventaja de cinco puntos nada menos que en la carrera final. Has estado esperando este momento toda tu carrera. No tires ahora por la borda todos tus logros".
La radio se apagó justo en el momento en el que soltaba el acelerador para entrar en una curva abierta y me preparaba para la recta que se presentaba a continuación. Última vuelta. Y sigo estando demasiados segundos por detrás del líder. La jefa tenía razón, tengo que cambiar de marcha. Dejándonos de bromas, cualquier posición que no sea la primera habrá sido un fracaso. Al haberme quedado justo a las puertas del podio en las dos últimas carreras, mi anterior ventaja en la clasificación se había esfumado, así que esta última carrera era la decisiva... y ni siquiera podía ver a los dos pilotos que estaban impidiéndome situarme en cabeza y condenándome a una clasificación general alejada de las medallas.
De nuevo.
Supongo que, en un deporte como este, que a uno se le escapen de las manos los torneos en cuestión de segundos es lo más normal del mundo. Aunque esto hace que la sensación de fracaso dure mucho más tiempo.
Forcé la nave al máximo mientras la fuerza de la gravedad me hundía cada vez más en el asiento, con lo que evité dos bonificaciones de armas y, en su lugar, conseguí tres bonificaciones de velocidad consecutivas. Pese a sus pequeños inconvenientes, mi Assegai se desplazaba como una exhalación, era fácil de manejar y contaba con todo el equipo necesario para amoldarse a mi estilo de conducción, en el que la velocidad prima claramente sobre las armas. Mis recursos, a diferencia de los que disponen el Triakis del líder, no eran precisamente tecnología de vanguardia, pero sin embargo me ofrecían mayor manejo y propulsión, características que he sabido aprovechar bien en las últimas carreras (incluyendo esta), en las que de repente las Sanguijuelas se convirtieron en el arma favorita de mis rivales, circunstancia por la que tuve que apañármelas para no quedarme muy rezagado mientras ellos se escapaban a toda velocidad sirviéndose de la energía de mi maltrecha nave. El cambio de táctica se tradujo en un estilo donde cobraba más importancia el uso de las armas, aunque hacerme con estos dichosos objetos me costó en muchos casos alejarme de la otrora tan codiciada línea de meta.
Y ahora ya no me quedaba tiempo para adaptarme a este nuevo estilo que solo me había costado puntos y disgustos. Solo la velocidad podía devolverme a los puestos de cabeza. Así que, en el circuito Chenghou Project, rodeado por los edificios de oficinas que me rodeaban en medio de un borroso halo de velocidad, me concentré en el tercer puesto con la esperanza de que no fuera demasiado tarde para resarcirme de mis anteriores problemas, que me habían costado quedarme rezagado en el pelotón.
Pero evidentemente, lo último que se me pasó por la cabeza es que Charon fuera la primera persona que tuviera que adelantar.
Me había concentrado tanto que no caí en mi error hasta que la hube adelantado y mi pantalla empezaba a iluminarse en un preocupante tono carmesí y a emitir sonidos de aviso con una suave voz robótica que me advertía de lo que ya era inevitable. Los protones de alto calibre me estaban destrozando el chasis y hacían que mi nave, que hasta entonces se desplazaba con total suavidad, sufriera de repente numerosos espasmos mientras yo intentaba corregir la situación y evitar daños. Aunque la recámara del cañón no guardaba grandes sorpresas, Charon no era de las que necesitaba muchos tiros para derribar a sus enemigos, lo que dice mucho de su brutal eficiencia...
FINAL DE LA PRIMERA PARTE
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| Fecha de publicación: | 05/11/08 |
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| Categoría: | Reportaje |

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