
Diario: “El encuentro con los Patapon”
Día tres
Transcurridas tres jornadas, descubrimos por fin los primeros signos de la escurridiza tribu de los Patapon. En un claro, un enorme monolito contempla el rastro del cazador que hemos estado siguiendo. La escultura, perfectamente tallada, sencilla, con formas anulares y una superficie lisa, recuerda a la antigua civilización olmeca.
Nuestro rastreador ha detectado actividad reciente en el claro: a juzgar por el número de huellas, parece que ha habido una reunión multitudinaria. Además de servir de hito, la proximidad de la piedra al rastro del cazador sugiere que podría constituir una parte ritual en sus expediciones.
Día cinco
Hoy hemos establecido contacto con un grupo de cazadores. Como era de esperar, desconfiaban de nuestra presencia. Sin embargo, hemos compartido la comida e intercambiado nuestras raciones por algunas de las aves de largas patas que habían capturado.
Para procurarse la comida, la tribu Patapon utiliza el arco y la lanza, armas perfectamente adaptadas a las características de su hábitat. Los Patapon diferencian entre dos tipos de guerreros: los que utilizan la lanza, Yaripon, y los que emplean el arco, Yumipon.
Día doce
Hemos entrado en el poblado Patapon como invitados de honor. Enseguida nos hemos dado cuenta de que nuestras primeras impresiones no eran exactamente fieles a la realidad. Viven en una sociedad muy estructurada, en la que sus habitantes realizan trabajos altamente especializados. Durante nuestra visita, conocimos a algunos miembros de la élite guerrera, formada por soldados de infantería, Tatepon, y caballería montada, Kibapon.
Este interés por especializarse en habilidades concretas ha dado lugar a la veneración de sus ancestros. Los individuos con habilidades especiales de cada clase parecen haberse convertido en leyenda. Durante el festejo que han preparado para nosotros, hemos visto una danza en honor a Gekolos, un fiero luchador que no le teme al fuego.
Después, los más ancianos del poblado nos han permitido asistir a uno de sus rituales. Hemos podido ver cómo ofrecían parte de la comida del festín a un árbol grandioso. Además de venerar a sus ancestros, los Patapon rinden culto a un único dios todopoderoso. Guardan las posesiones de los difuntos, especialmente las cofias, que constituyen un símbolo de estatus entre los Patapon, y los disponen con la máxima devoción en torno al gran árbol.
Hemos logrado comunicarnos con los ancianos mediante gestos, y nos han contado que la mayoría de sus guerreros han abandonado el poblado y han salido de expedición, para tratar de encontrar un tambor sagrado.
Día catorce
En los últimos dos días, una sensación de urgencia reina en el poblado. Ha empezado a sonar un misterioso sonido de tambor cuyo origen aún no hemos logrado determinar...
¡PATA, PATA, PATA, PON!
Contentos, los Patapon han empezado a hacer los preparativos para realizar un largo viaje. Cuando les preguntamos por el origen del sonido, sonríen y señalan el cielo. Allí es donde vive su dios todopoderoso, en el cielo que se eleva por encima de sus tierras.
Día dieciséis
Llevamos días escuchando tambores y el canto de los Patapon. Es constante e hipnótico...
PATA, PATA, PATA, PON
PATA, PATA, PATA, PON
El último grupo de cazadores ha regresado con las provisiones y los preparativos están llegando a su fin. Muy pronto seguirán el ritmo dictado por los tambores...
PATA, PATA, PATA, PON
PATA, PATA, PATA, PON
PATA, PATA, PATA, PON
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| Fecha de publicación: | 22/02/08 |
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| Categoría: | Reportaje |

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